Sobre el perdón y sus definiciones
Las definiciones del perdón suelen ser muy variadas, que sí es olvidar el daño que se ha recibido, o indultar al ofensor. No es darle la razón a la injusticia, tolerar el maltrato, negarse a lo evidente o incluso la inmediata reconciliación.Es de mucha importancia aclarar estos conceptos, para aclarar las aguas, y así, poder ver con exactitud la esencia de lo que buscamos.
Por lo que definiremos al perdón, como la independencia que se gana al desligarse del pasado, de su inmovilización. Es el abandono al resentimiento y a los deseos de venganza, es mirar hacia el futuro a la par que se deshace de la carga que representa el pasado. Esto va desde la resolución de conflictos internos, hasta alcanzar la fuerza necesaria para controlar las emociones que se desbordan.
Sin embargo, esto supone un gran esfuerzo y buena salud mental, además, de que la postura que tome el violentado, puede influir para bien o para mal en la resolución del conflicto. En ocasiones, también es necesario tiempo o alguna situación que haga que la persona se replantee sobre su postura. A ciencia cierta, todo dependerá de la persona, de sus sesgos, creencias y valores.
Un poco sobre la venganza
La venganza, en pocas palabras, es la satisfacción que siente el ofendido al provocar daño al ofensor.
Es decir, a través de la venganza el individuo busca reparar lo que no es reparable, proclamándose a sí mismo con un tipo de héroe. El cual, por su condición de víctima, se siente en el derecho de ejercer justicia por medio de su propia mano, y de maneras que en otras circunstancias no haría. Esto lo hace, porque piensa que el fin justifica los medios y no le importará hacer cosas peores que lo que en un principio hizo el ofensor, porque él cree tener razones para hacerlo.
Y todo esto lo hará, alegando que lo hace de manera honesta y desinteresada, por su propio bien o el de alguien más.
Más esto no llevará a ningún lado, pues, la venganza, no importa que nombre se le ponga, sigue siendo una manifestación ciega de la violencia, y la pérdida de la capacidad de razonamiento para comprender que ya nada se puede hacer con los hechos ya establecidos.
Pero entonces, ¿qué hacer con esos sentimientos que nacen al momento del agravio?
La comunidad, la ley y la venganza
Siguiendo el hilo de los sentimientos encontrados de los que hablamos antes. Estos, al ser muy fuertes, gritan con desespero el que se ejerza justicia.
Por lo que me pareció justo hablar un poco sobre la ley y su utilidad.
La ley nace como el resultado de la unión de grupos sociales, los cuales pasan a formar comunidades, que, a su vez, intentan hacerle frente a la violencia y la venganza. Para que de esa forma, el simple individuo débil, pase a volverse parte de un grupo mayor que le otorgará la fuerza necesaria para suprimir a la violencia.
Ahora bien, la comunidad no siempre existió de esa forma. Vamos a por un pequeñísimo repaso.
• Empecemos con los clanes y las sociedades antiguas. Por aquellos tiempos las personas se manejaban bajo la ley del Talión. Ley que consistía en hacer que el agresor sufra las mismas consecuencias que padeció el agredido. Y fue de estas sociedades antiguas que se pasó a las comunidades, en donde se prohibió el crimen entre miembros de la misma. Por lo cual era necesario recurrir a la mediación del amo del perpetrador, para que este aplicara la ley.
• Luego, con el cristianismo, el Otro, es reducido a puro amor, así, una ofensa sufrida no puede ser devuelta, sino que su respuesta debe ser el amor. Desde esta postura, la violencia recíproca de la venganza no tiene lugar.
• Después entramos en el feudalismo. Aquí, el duelo constituye la equiparación de fuerzas, en favor, de la reparación del daño causado o el honor mancillado.
• Y a partir del establecimiento democrático todo individuo puede solicitar la reparación del daño recibido y exigir que el agresor pague por lo que ha hecho. Acto que puede ir dirigido desde la ira, el odio o la venganza. Lo único que tiene que hacer para efectuar esto, es recurrir a la ley que ha de tomar justicia por el ciudadano.
justicia y perdón
La justicia no debe mezclarse con el perdón, aun si el victimario es perdonado por la víctima, la justicia debe ejercerse. La justicia no debe ser parcial, ya que es la herramienta más fuerte que tiene la comunidad en contra de la violencia y los intentos de venganza. Y puesto que, tanto la violencia del agredido, como la ley, buscan el equilibrio de la comunidad a la par que defiende a la víctima. Por lo tanto, no hay razón para rechazar el derecho que ofrece el estado.
Ya que de no hacerlo así, el afectado podría alzar la mano, y continuar con el ciclo de agresión, pues las acciones del perpetrador no han desaparecido y el ofendido está impaciente de hacer justicia. Es de allí que nace la necesidad de resolver el conflicto de manera más pacífica. Conflicto en el cual la víctima tendrá derecho al hablar, aparte de exigir que se le compense por el daño hecho. Solo así, el individuo podrá sentirse protegido y amparado, con la sensación de que pertenece a una comunidad.
Algo más que hablar del perdón
Existe una condición que debe cumplirse para que se efectúe el perdón. El modo de disculparse debe ser genuino. No sirven unas disculpas que no toman en cuenta al agredido, que no lo dejan hablar y ni tan siquiera ser considerado en el asunto. Teatralizando así, un ejercicio tan complejo y necesario, como ya es costumbre de algunos. Esas disculpas no sirven de nada, puesto que el afectado no resolverá sus problemas, provocando que decida seguir la senda de la violencia y generando aún más violencia.
Para que el conflicto de la víctima se solucione, tiene que haber un compromiso de parte del estado. Y si lo que se desea es la reconciliación, entonces, el agresor deberá dar muestra de lo genuino de su postura; aun así, no quedará impune ante la ley.
Conclusión
Sé bien que hay muchos y diferentes casos, mi intención no es generalizar nada. Habrá circunstancias que se saldrán de las manos de la ley u ocasiones en las que la comunidad no hará nada para ayudar, entre otros casos más. No estoy al tanto de todo, así que no puedo ni debo ser tajante en este asunto.
Lo que sí deseo es que comprendamos que la violencia no traerá ningún buen resultado; por lo tanto, es preferible abstenerse de ella. No voy a cerrar los ojos y negar que ocasiones es necesaria, ya que, de lo contrario, implicaría ceder a los caprichos de gente malvada. Aun así, pido que se considere la forma de utilizarla, pensando siempre, y analizando si existe una mejor opción.
Y si en algún momento te sientes tentado, con ganas de ceder y tomar la justicia por tu propia mano, en ese momento recuerda las sabias palabras que don Ramón le dijo al chavo: “la venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena”.
Hansjörg Keller (@kel_foto)
En este ocacion decidí publicar sobre este tema, la investigación fue muy interesante. Pero siento que no es suficiente, por ello, en el próximo articulo que publique quiero enfocarme solo en el perdón.
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