Hoy he escrito un poema en prosa y estoy muy alegro por ello. Y es debido a este mismo que hoy estoy aquí, y es que quiero compartirlo con ustedes.
La chica que no podía volar
Pobre de ti chica y pobre de tus alas, pobre del viento que no puede acariciarlas allá en lo alto, pobre del cielo que no está cerca de tu presencia y pobre de ti chica, que no puedes volar…
Eres como una paloma moza que se quedó como un pichón para siempre, que nunca creció ni crecerá, porque la vida no ha de alcanzarle. Y es allí cuando entro yo, o dicho de manera más propia, mis lágrimas, el llanto acérrimo que sale de mi alma, que no para ni encuentra consuelo.
¡Mi pobre chica!, ¡mi pobrecita chica!, tus tropiezos en la vida te sirvieron para aprender a limpiarte el barro de la cara. Y tus alas invisibles fueron útiles en el mundo de tus sueños, pese a que estos te causaban una gran tristeza.
Más un día, cuando por intuición supiste que los sueños llegarían a su final, agradeciste por lo vivido, y te marchaste junto con ellos. Y yo… ¡Y yo!… yo me quedé aquí, rezando para que la otra tú, que está allá en alguna parte del cielo, encuentre la felicidad.
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